EN DIFERIDO. Noche de Fin de Año (NEW YEAR’S EVE)

Garry Marshall (Pretty Woman, Runaway Bride), supera con creces lo que venía siendo un cúmulo de despropósitos cinematográficos. Si el petardo de  Valentine’s Day ofrecía un intento vano de imitar Love Actually, sin gracia, sin esmero y  sin sustancia, Noche de Fin de Año supone el más difícil todavía. Es decir, rellenar un metraje excesivamente largo de secuencias insípidas, previsibles y carentes de gracia o emoción. Y eso que le ponen ganas al tema. Mucha música, horrorosa por cierto, medio Hollywood en el reparto (algunos ganadores de Oscars), un escenario siempre fascinante como es Nueva York o un intento de relacionar personajes entre si sin compartir un solo plano. El resultado, terrible. Solo deseas que acabe la película y la consecución de numeritos que pretenden darle gracia a la trama y que son burdos y mal interpretados.

Garry Marshall pretende de nuevo tras Valentine’s Day seguir la estela del éxito que supuso Love Actually. Pero aquello funcionó y esto no. Existen muchas diferencias y podrían ser enumeradas, pero me debato entre nombrar a los intérpretes de esta bazofia o discernir el por qué del abismo que separa ambas películas.

Por lo pronto me decanto por los intérpretes. Son muchos, no, muchísimos. Michelle Pfeiffer (terrible y molesta como mujer deprimida), Halle Berry, Jessica Biel, Jon Bon Jovi, Abigail Breslin, Robert De Niro (¿en qué estaría pensando al aceptar el papel?), Josh Duhamel, Zac Efron, Hector Elizondo (habitual en las películas de Marshall), Katherine Heigl, Ashton Kutcher, Lea Michele, Sarah Jessica Parker, Hillary Swank o Sofía Vergara (degradando su origen con lo alto que lo había dejado en Modern Family). Y que conste que me dejo algunos. Por ejemplo, ver de manera fugaz en una secuencia a Alyssa Milano, como una enfermera que podría haber sido interpretada por un extra perfectamente. Hasta en eso es cargante la película.

Las historias que Marshall deseaba cruzar, no tienen el fuelle suficiente para engancharte y el velo romántico que cubre el metraje me induce a recordar un video clip ochentero.

Y a sabiendas de lo iconoclastas que son por aquellas tierras a falta de una historia rica en extensión y contenido, sigo sin entender el simbolismo de una bola que cae. Los norteamericanos son muy dados a realzar hasta altares deshonestos, costumbres y particularidades de su cultura ( lo cual me parece fantástico), pero en este caso, la bola, la dichosa bola, acaba por sacarme de quicio, deseando que baje y con ello que acaben las historias.

Pero por si la película no era suficiente, el director te reserva unas tomas falsas “falsas” que elevan las de Toy Story al hiper realismo.

Y siento ser tan dura, pero me indigna pensar en las cantidades de dinero que habrán sido empleadas para realizar esta película ( sólo viendo el reparto)  con tan pocas ganas. No hay esfuerzo, ni en la dirección ni en la interpretación. Y tengo una especial mención para Michelle Pfeiffer y Jon Bon Jovi. La primera por caerme gorda desde el primer momento y el segundo por dar una pereza terrible intentando interpretar. Que siga cantando por favor.

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