EN DIFERIDO: La Dama de Hierro (THE IRON LADY)

Menuda actriz es Meryl Streep. Parece que he descubierto América, no. La trayectoria de esta dama de la pantalla la tengo muy sabida (se me escaparán títulos dignos de ver, estoy segura) pero una vez más me ha cautivado su potencia interpretativa. Tras Mamma Mia, se podía esperar de ella cualquier cosa y no porque sea un peliculón pero sí por mostrar a una Meryl Streep divertida, bailonga y arrancándose unos solos con una voz que da para lo que da. Pero ella lo da todo.

La Dama de Hierro es un ejemplo más. Y no porque haya ganado un Oscar como mejor actriz en este biopic. De hecho, en Hollywood son súper aficionados a premiar interpretaciones en este género (los últimos diez años en casi todas las galas ha ganado un actor o actriz cuyo personaje era real). No. Quien retenga en su memoria los años en que Margaret Thacher era noticia, recordará aquella mujer de rostro severo y una cadencia al pronunciar sus palabras, sus discursos. Pues la Streep lo borda. Creo que ese es el secreto del éxito de su interpretación. Sobre todo cuando interpreta a la Thacher anciana (la caracterización ayuda). El resto del film es Meryl Streep en estado puro. Su fuerza, su energía y las emociones que es capaz de transmitir con un par de miradas. Eso se tiene o no se tiene.

La película en conjunto me ha gustado pese a ser un poquito monótona y muy centrada en la demencia de este icono. Solo unos flashes en la memoria de la anciana nos transportan a hechos acontecidos, sumamente importantes y que marcaron un antes y un después en la historia de Gran Bretaña.

Es bonito ver a una Margaret Thacher jovencísima (Alexandra Roach; Anna Karenina), peleona, enamorada y sumamente idealista. Aunque aquí se pinten sus ideales como bondadosos. La señora era dura de pelar. Pero nos ofrecen una visión sumamente humana de la personalidad que tantos detractores tuvo. Y la directora del film, Phyllida Lloyd (Mamma Mia) junto con Abi Morgan (Shame) como guionista, han plasmado con bastante elegancia una imagen de Thacher adolescente, que idolatra a su padre y sus ideales políticos, madre que renuncia al tiempo de la crianza por el deber para con su partido y poco a poco cae dentro del ego humano de representar algo único.

En esa cadena de encuentros y desencuentros con su vocación, su perseverancia y su orgullo se va fraguando el mito. Y siempre acompañada de la persona que mejor la conoce y la apoya, su marido Dennis.

Me resulta emotiva la escena en la que un Dennis joven se declara a una Margaret fresca y prometedora. Pese a estar enamorada y acceder a su propuesta de matrimonio, entre lágrimas le dice que nunca será una mujer que se queda en casa, cocinando y criando. Según la joven, una vida no puede ser usada solo para tal menester. Ya en ese momento, Dennis Thacher se convierte en su puntal.

Y los tramos de la demencia, de la soledad y de los recuerdos, se ven salpicados por la presencia del difunto Dennis (Jim Broadbent; Iris, The young Victoria) a quien semejante mujer no puede decir adiós ni aún estando muerto.

No menciono al resto del reparto porque es un pase coral, un baile de rostros que representan a los amigos, enemigos, idealistas o traidores que formaron parte de la clase política de aquellos años convulsos en Reino Unido.

Y recomiendo la película porque pese al movimiento lento, a la carencia de acción y a los hechos que para muchos sonarán a chino mandarín, es la historia de una mujer. Una mujer fuerte. Una mujer cuyo mayor poder residía en ella misma y no en lo que se convirtió.

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