La vuelta de ‘Revenge’ no le está sentando del todo bien

Fue una de las series revelación de la temporada pasada. Revenge era (y es) un culebrón bien hecho. Una serie tan disfrutable como catalogable dentro de la categoría “guilty pleasure” (placer culpable).

Durante toda una temporada vivimos la historia de la protagonista Emily Thorne en su particular historia de venganza contra la despiadada familia Grayson. Cierto es, que pese a que la temporada tuvo algún altibajo, se mantuvo magníficamente bien. Estos altibajos, se deben fundamentalmente a que una serie, al conocer que le conceden una temporada completa de 22 episodios, se ve obligada a “estirar” sus tramas para ocupar tanto espacio. Lo hizo francamente bien.

Después de los hechos acontecidos en el final de temporada, en el que lejos de resolverse, se lanzaban al aire más incógnitas, la duda era saber como evolucionaría la serie en su segunda temporada. Ya que muchos, entre los que me incluyo, vieron que la serie era perfecta si hubiese durado una temporada. Tuvo éxito, y naturalmente la historia se ha de estirar.

Bien, la serie ya lleva con nosotros algo más de un mes y pasado ya ese tiempo, se pueden sacar conclusiones de qué ha supuesto dicha vuelta.

SPOLIER ALERT. Si no quieres descubrir detalles de la trama, por favor, no sigas leyendo.

Por lo general, el tono de la serie sigue siendo igual.

Victoria Grayson evidentemente no estaba muerta. Era comprensible y previsible. Una serie no puede permitirse el lujo de perder a las primeras de cambio a su mejor personaje. Victoria Grayson se ha convertido por méritos propios en una villana en toda regla. Es al siglo XXI lo que fue Angela Channing o J.R. Ewing al siglo XX. Estoy exagerando? A mi entender no. Hay muchos malos en la ficción televisiva de la actualidad, pero pocos con la capacidad de manipulación de Victoria Grayson. Evidentemente, gran parte de culpa de esto lo tiene la magnífica interpretación de Madeleine Stowe.

Por su parte, Emily Thorne (Emily VanCamp) sufre una especie de “reinicio” en su plan de venganza. Un reinicio que desconcierta bastante al espectador. Además, se introducen detalles ocurridos previos a los hechos acontecidos en la primera temporada, como por ejemplo, su entrenamiento con Takeda. Un Takeda, que por cierto, ha cambiado de cara, pasando de estar interpretado por Hiroyuki Sanada a Cary-Hiroyuki Tagawa. Diganme ustedes donde está el parecido, porque yo no lo veo para nada…

Volviendo a la personaje principal, la serie nos muestra en esta segunda temporada a una Emily, en mi opinión más vulnerable que en la primera. Si a eso le añadimos que para rizar el rizo, se ha introducido el personaje de su madre (loca), el resultado es una Emily que no sabe bien bien cual es su sitio.

La introducción de la madre de Emily ha sido, en mi opinión, un poco forzada. Además, la actriz elegida para interpretarla. Jennifer Jason Leigh me parece del todo inexpresiva. Supongo que por la cantidad de botox que tiene metido en la cara. Aun así, resulta interesante ver como se afronta la relación entre ella y si hija, que recordemos, no es quien ella cree que es.

La vulnerabilidad de Emily se acentúa si entramos en el terreno amoroso. Jack o Daniel, el bueno o el malo. Jack Porter (Nick Wechsler), es tan bueno que resulta tonto. En serio, este personaje está entrando en una espiral de “ñoñez” indigna de una serie cuyo principal argumento es la VENGANZA. Su relación con Amanda (Margarita Levieva), lejos de atraer al espectador, lo único que consigue es que se meta en el mismo saco de repulsión a ambos personajes. Una pena.

Daniel Grayson (Joshua Bowman), por su parte, en teoría el malo, sufre constantes cambios de parecer que no hace más que diluir su personaje. Incapaz de mostrar el carácter mostrado en la primera temporada. Además, el personaje de Ashley Davenport (Ashley Madekwe) ha evolucionado al nivel de “zorra manipuladora”, y con una única misión, influir en en influenciable Daniel.

Mención aparte merece el caso de Nolan Ross (Gabriel Mann). Ha sido la gran pérdida de la segunda temporada, en mi opinión. Nolan era un personaje con el que podías llegar a empatizar. Un ser atormentado por la falta de cariño y que encuentra en Emily un refugio. En esta segunda temporada se ha potenciado su cara de “business man” y eso no le está sentando del todo bien. Además, ahora de repente se ha vuelto “hetero” (o bisexual, según se mire). A mi particularmente, me gustaba más el Nolan que tenía dinero, y no me importaba de donde lo había sacado.

El resto de la familia Grayson, pues a lo suyo. Charlotte (Christa B. Allen) desbordada por los acontecimientos y Conrad (Henry Czerny), tan malo como siempre, o incluso más.

Por último, está el caso de Declan Porter (Connor Paolo). Un personaje que ya en la primera temporada caia mal, y que ahora está alcanzando cotas similares a las de Lori en The Walking Dead. No lo soporto. Sobra completamente y sus (absurdas) tramas, no hacen otra cosa que entorpecer el ritmo narrativo general.

Pese a todo lo apuntado, Revenge sigue siendo un culebrón bien hecho y tiene muchas cosas buenas, pero que necesita urgentemente encontrar de nuevo el rumbo y la motivación. Además, parece que no soy solo yo quien opina esto ya que semana tras semana, las audiencias han ido decayendo, quedando este domingo pasado en niveles bastante preocupantes.

 

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