Audrey Hepburn. 20 años del adiós a un ángel

Audrey Hepburn

Hace veinte años que uno de los símbolos del cine, de la belleza, del estilo y de la buena voluntad se marchó. Discretamente se fue, enferma pero bella hasta el último instante y sus películas, sus labores humanitarias y su propia historia personal, han dado paso al icono.

Audrey Hepburn nació belga, de padre inglés y madre holandesa. La sangre azul corría por sus venas y su famoso apellido le vino dado por su abuela materna Catherina. Tuvo dos hermanastros por parte materna y gracias al trabajo de su padre, Joseph Victor Anthony Ruston, pudo viajar desde niña a Inglaterra y Países Bajos. Y en Kent estudió tres años en una academia privada femenina. Sus estudios coincidieron con el divorcio de sus padres, ambos miembros de la unión británica de fascistas. Su padre, simpatizante nazi, les abandonó pero Audrey acabó contactando con él años más tarde a través de la Cruz Roja en Dublín y le apoyó económicamente hasta su muerte.

La desgracia se ensañó con ella y los suyos cuando, huyendo del asedio nazi fueron a Holanda creyéndose a salvo. En la casa de su abuelo materno en Arnhem dedicó seis años al piano y el ballet al tiempo que su madre intentaba ocultar sus orígenes ingleses. Dentro de su completa formación, esta cara bonita dominaba varios idiomas y hablaba perfectamente inglés, francés, holandés e italiano. Con el alemán y el español se defendía. Y sus buenas dotes como bailarina quedaron truncadas al sufrir la hambruna que asoló Holanda tras el repliegue alemán. El hambre dejó huella en su complexión y estoaudrey_rostro hizo que abandonara el ballet y se transformara en la silueta esbelta y delicada que más tarde conquistó al mundo entero. Eso sí, su exquisita delgadez escondía el mayor de los sufrimientos.

Mientras pudo vivir de la danza, donaba el dinero que obtenía a la resistencia holandesa y con los coletazos finales de la guerra vio morir fusilados a miembros de su familia. Además siempre confesó el trauma que la acompañaba al recordar la visión de niños judíos dentro de vagones de tren. Porque como ella decía, era una niña que observaba a otros niños. Y dentro de su memoria, reconoció el shock que supuso para ella leer el libro de Ana Frank. Vio su propia historia reflejada en este crudo relato.

Pasada la guerra volvió a Londres donde sin éxito pretendió continuar con su carrera de bailarina. La malnutrición había dejado su cuerpo dañado y fue entonces cuando se decantó por la interpretación.

Su primer trabajo como actriz fue en un film educativo, Holandés en siete lecciones y de ahí pasó a producciones musicales. El primer papel que tuvo en una película fue en un film inglés, One Wild Oat como recepcionista de un hotel y a este le siguieron otros más pequeños en otros largometrajes. Fue en el musical Gigi cuando llamó la atención.

Interpretó a una bailarina en Secret People donde pudo dar rienda suelta a todo su potencial artístico. Y después vino Vacaciones en Roma. Era su primer papel en Hollywood interpretando junto a Gregory Peck bajo la dirección de William Wyler. En ese momento nació la estrella.

Wyler reconoció que pese a no ser su primera opción, en una prueba de cámara quedó prendado de la joven actriz y según sus palabras “de su encanto, inocencia y talento”. Y gracias a Peck, su nombre apareció junto al del actor en el póster de la película. También fue él quien predijo que por su interpretación merecía un Oscar. Así fue. Ganó el Oscar y el Globo de Oro por Vacaciones en Roma y el premio Tony por la obra Ondine

Le siguieron (enuncio sin orden cronológico) Dos en la carretera, Cómo robar un millón, Una cara con ángel, My Fair Lady y Breakfast at Tiffany’s.

En este último título muchos ven la mejor interpretación de su carrera, pero ella siempre confesó que valoró más su trabajo en Historia de una monja, donde interpretaba a la hermana Lucas, mujer belga que también había sufrido la guerra como ella.

Sabrina_audrey

Entre los anteriores títulos protagonizó uno mítico, Sabrina. Compartió protagonismo con Humphrey Bogart y William Holden (con Holden mantuvo una relación sentimental) y para este papel Givenchy la vistió. Fue nominada al Oscar por Sabrina pero el premio de aquel año se lo llevó Grace Kelly.

A esta preciosidad de ser humano, las cosas no le sucedieron por azar. Tal vez si fue el destino quien hizo que Marilyn Monroe, amiga de Truman Capote rechazase el papel de Holly en Breakfast at Tiffany’s por desear otros menos frívolos. O que Julie Andrews se hubiese comprometido para rodar Mary Poppins y al final fuese ella la encantadora Eliza de My Fair LadyMy-Fair-Lady-07 de George Cukor. Fuese como fuese, los personajes llegaron a su vida y ella los transformó en señales de indentidad de una época donde las grandes producciones y la estela que acompañaba a sus intérpretes era una simbiosis de glamour y perfección intocables. Se habló de si el guión de la historia de Tiffany fue menos transgresor que la historia de Capote o si existía o no una rivalidad entre Andrews y Hepburn pero fueron rumores de la época. Posiblemente  si la historia de Capote hubiese sido interpretada  por la Monroe, habría sido una película más de la bomba sexual que arrasaba. Con Audrey, aún sigue siendo un icono previo a la época pop que perdura en nuestra conciencia.

Charada, Guerra y Paz, Mansiones Verdes  o Los que no perdonan son otros de sus títulos. Era una pieza de coleccionista y así la recordamos. Con seis nominaciones a los Oscar, dos estatuillas y otros premios, Audrey Hepburn nació para ser historia.

Queda patente muchos años después que la superioridad de esta frágil dama no era solo en cuestiones interpretativas. Como ser humano, se dejó la piel colaborando con Unicef y viajando constantemente a África. No era mujer de mansiones y tenía su propio huerto donde cultivaba. Recordemos que ella supo lo que era pasar hambre de verdad.

En su vida privada tuvo dos maridos. El primero fue Mel Ferrer con quien trabajó en la obra Ondine. Después  se casó con un médico italiano, Andrea Dotti. Ambos matrimonios acabaron en divorcio y dos hijos. Finalmente pasó sus últimos años de vida curiosamente con un holandés con quien compartía labores humanitarias y una vida muy sencilla.

En sus últimos años dentro del mundo del cine destacaron Sola en la oscuridad y Robin y Marian junto a Sean Connery, pero en mi mente aún perdura la imagen de Audrey Hepburn en Always de Steven Spielberg, interpretando a un ángel que ayuda a Richard Dreyfuss en su tránsito al cielo.

Y ya fuera del cine se dedicó a diferentes causas humanitarias. El sida o la malnutrición de los niños en el mundo ocupaban su tiempo y a pesar de que su salud se diluía, continuó incansable. De hecho, tres meses antes de fallecer y ya desahuciada, realizó un viaje a Somalia  apoyando la causa de Unicef. Un ejemplo de lo que era esta mujer.

En el año 2000, se inauguró una estatua de Audrey Hepburn en la sede de Unicef en Nueva York.

Pocas veces hemos sido testigos de tan perfecta mezcla. Una pequeña criatura luchadora, bella y generosa que marcó una época del cine e influyó sin quererlo, en la estética de millones de mujeres que jamás han logrado transmitir ese efecto.

El de una cara con ángel.

@balaguerdiaz

Audrey-Hepburn 1

 

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