EN DIFERIDO: Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides)

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Maravillas de la vida, sorpresas agradables y encuentros evocadores no suceden todos los días.

Ayer, sin esperarlo y haciendo zapping, me topé en una cadena de televisión la ópera prima de Sofía Coppola, su primer largometraje Las Vírgenes Suicidas. Recuerdo hace años cuando fue noticia. El nombre de la directora, de los actores y de la atmósfera que envolvía el trailer. Llamó mi atención pero por cosas que ni recuerdo, no la vi en su momento.

Supongo que mereció la pena esperar. O ignorar mejor dicho. Han pasado catorce años de su estreno y esta cifra da para muchos cambios. De la vida se bastante más que en 1999, con lo que la sesión de anoche me pilló bastante más ubicada y centrada. Cosas de la edad. Y con esta perspectiva que los años te da, puedes mirar retazos de la adolescencia y analizarlos en un contexto aislado, alejada de ese intervalo complicado.

La historia que Sofía Coppola rodó es bonita, siniestra, triste, dulce o incluso poética. Escribió el guión a partir de la novela de Jeffrey Eugenides y narra una fábula de abusos y sus consecuencias.

Una familia modélica, los Lisbon, en el marco de los años setenta americanos viven su particular versión de la existencia. Cinco hijas preciosas concadenadas en edad, desde los trece a los diecisiete. Casi perfectas. Típico tumblr_lwf6w9GVD31qea4huo1_500ejemplo de la belleza yanqui con sus cabellos dorados y sus sonrisas perfectas. Unos padres singulares donde los haya. El cabeza de familia (James Woods), anodino, ausente e inmerso en su propia supervivencia. Una madre autoritaria (Kathleen Turner), ferviente católica que roza el fanatismo y que impone su propia ideología como un karma ineludible en sus hijas.

Todo fluye dentro de su peculiaridad. Pero el primer síntoma de la falsedad de esta armonía es el intento de suicidio de la más pequeña de las hijas, Cecilia. Con trece años vive desilusionada, sin ánimos de descubrir ni de disfrutar los pasos que regalan esos fantásticos e irresponsables años. Un psiquiatra (Danny  DeVito) advierte que  ha sido  un toque de atención. Una necesidad urgente de dar oxígeno a esta criatura asqueada demasiado pronto. Los Lisbon afrontan el suceso con sus pautas habituales. La madre impone la fiesta y el jolgorio dentro de casa, bajo su custodia. Y allí mismo, simplemente cambiando de habitación, Cecilia consigue al fin su propósito.

Dentro del drama que supone este suceso, existen unos testigos de excepción de la vida de esta familia. Sus vecinos, unos adolescentes románticos y perdidamente enamorados de las hermanas Lisbon. De hecho, la historia de estas jóvenes es recordada y narrada por ellos veinte años después puesto que no consiguen superar el trauma de la fatídica PDVD_000historia.

Con Cecilia fallecida, la madre cierra aún más si cabe el círculo en el que introduce a sus hijas y de ellas, es Lux (Kirsten Dunst) la más díscola e irreverente. Ansiosa por explorar y gozar del sexo, de manera furtiva se entrega a todo aquel que la seduzca. Hasta que aparece un despiadado ladrón de virtudes, guapo y enamorado de ella (Josh Harnett) y en un cortejo insistente la convence de su amor. Con buenos deseos e intenciones, acaban formando un grupo de jóvenes, las cuatro hermanas y cuatro chicos. Acuden a un baile vestidas como diosas bucólicas y entre tanto duende y tanta magia, Lux comete un error y es traicionada. El reproche de su madre acaba por recluirlas dentro de su casa y de allí ya no vuelven a salir. Cada una soporta el confinamiento como puede, pero la patente chispa de Lux ha desaparecido. Abandonada, tan solo puede introducirse más en la esencia pueril y dejarse llevar por sueños y anhelos que solo son factibles en la mente de una quinceañera. Mediante códigos secretos y símbolos religiosos, consiguen crear una pauta comunicativa con sus respetuosos vecinos y lo que promete ser una fuga, acaba siendo la tragedia que desconcierta de por vida a estos muchachos.

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La sinopsis viene a ser esta, sin más detalles para descolgados como yo. Pero si dedicas un tiempo a valorar este largometraje con su historia, su fotografía, su música, sus bellezas y sus omisiones y silencios, llegas a la conclusión de su grandeza.

¿Qué puede existir en la vida de un ser humano más complicado y emocionante que la adolescencia?. Es el momento del todo, de la fuerza, del despertar y del drama. Del poderío físico y la pequeñez emocional. Del sufrimiento más absoluto por nimiedades y la explosión de alegría por un atardecer en el campo. Y sobre todo, del momento en el que se le reclama a un medio niño, que vaya ocupando su lugar en el mundo.

En mi opinión Sofía Coppola acierta en el planteamiento. En los puntales sobre los que apoya la trama. Transmite con planos fotográficos (en los que Kirsten Dunst se come la pantalla) una belleza irreal, de jóvenes perfectas y dulces pero ausentes y escurridizas. Presenta una época diferente, lejana, con pinceladas oníricas y todo con el fin de vivir la historia como si fuésemos adolescentes. ¿Qué más da si un sacerdote (Scott Glenn), acude a la casa tras la muerte de la primera hermana y simplemente obvia lo anormal de la situación familiar?. Aquí no se critica nada, ni la obsesiva y asfixiante devoción de su madre siquiera. Aquí se plantea lo injusto de una sociedad hipócrita que pretende encasillar  en un rol concreto desde bien pronto, a seres que dan sus primeros pasos en el mundo adulto. También se le da una patada sutil, pero patada igualmente, a la prensa sensacionalista que como buena depredadora convierte a las víctimas en artículos de oficina, en objetos meramente desechables y foco de atención momentánea.

Recomiendo esta historia dramática pero bella, que en algún segundo del metraje me ha recordado a Flores en el ático o Cuenta conmigo. La primera por tratarse de una historia de reclusión y la segunda porque los traumas de adolescencia nos acompañan hasta la madurez.

Danny DeVito en su personaje de psiquiatra, le pregunta a la pequeña Cecilia tras su primer intento de suicidio, “¿Qué haces aquí si aún no sabes lo mala que es la vida?”, a lo que la niña responde “Doctor, usted nunca ha sido una niña de trece años”.

A todos o casi todos se nos ha olvidado lo que fue aquello, oficialmente. Extraoficialmente lo recordamos cada día sin ser conscientes de ello, cada vez que la vida adulta nos conduce por el camino de aguantar, soportar y decidir en cada minuto.

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EN DIFERIDO. Intruders (Intrusos)

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Me gusta el suspense pero mi fuerte no es el cine de terror. Decido ver Intruders por casualidad, siguiendo el patrón que me conduce últimamente en mis elecciones. La única referencia que tengo sobre el film es la del trailer que en su momento de estreno, sonó a bombo y platillo. Y poco más. Me llamó la atención el reparto, más por Pilar López de Ayala que por Clive Owen y la dirección de Juan Carlos Fresnadillo también suponía un plus. Pero como tantas otras pasó. Pero ahora ya la conozco y por tanto ya puedo opinar.

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Esta cinta de Fresnadillo es buena y mala a partes iguales. Es un thriller de suspense que aborda un tema parecido al que en la vida real supone un problema para algunos padres. Los terrores nocturnos. Es un punto delicado y sobre el que poco se habla y pocos comprenden. Pero el argumento de Intruders no funciona sobre ese eje. No son terrores nocturnos, no son pesadillas. ¿O sí?. Esa es la duda que me queda tras ver la cinta. Todo me indica que hay un intruso merodeando y asustando a dos niños, Juan y Mia. Uno, español, de Madrid, de barrio humilde y madre solitaria. La otra, inglesa, con un padre protector y confidente y la tranquilidad de una vida acomodada. No hay nexo aparente de unión pero ambos son asaltados cada noche por la presencia de un ser. Les atormenta, asusta y aísla de su condición de niños inocentes. Y a medida que el metraje avanza, te ronda la idea de que todo sea fruto de una ilusión, de un anhelo o de una conexión emocional padre-hija o madre-hijo. Sea como sea, en mi opinión, Fresnadillo pierde el control del argumento. Incluye a unos sacerdotes a los que foto-intruders-5-073acude una sufrida Pilar López de Ayala y me indentifico con el joven cura (Daniel Brühl), cuando en un intento desesperado por ayudar acaba reconociendo su incapacidad para hacerlo. Derrotado confiesa que no puede ayudar a Juan porque no sabe qué es lo que atemoriza al niño. Ni lo sabe él ni quien asiste expectante al transcurso del thriller. Como en un partido de tenis, el miedo va saltando de Londres a Madrid y el terrorífico Cara-Hueca sigue amedrentando y fragmentando a las dos familias.

Un tremendo error es el de pretender dar una explicación lógica y nada mística al problema que sufren y el desenlace final, que sí me gusta, te deja de nuevo con ganas de algo más tremendo. De un final más contundente, pero no es así. Partiendo de muy buenos medios, Fresnadillo podría haber sacado más partido a esta rebuscada historia, y repito, es bueno y malo el planteamiento. Una conclusión ambigua pero que describe la percepción de una espectadora con ínfulas de analítica.

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No obstante, creo que es una película interesante por el contraste implícito de la narración española con vistas internacionales. La creatividad española tiene su sello, como cualquier otra y aquí queda mezclada con la abertura al exterior. Traspasa y creo que con éxito el límite de lo que puede asustar aquí y también allá.

Dedico una mención especial a lo que más miedo me ha dado de la cinta. La carita de asco del grande  Héctor Alterio, pero que en esta película con un par de planos le quita a uno las ganas de comer. ¡Uff!

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EN DIFERIDO. The Amazing Spider-Man

5 años han pasado desde que Sam Raimi estrenara la ultima película de su particular visión del superhéroe trepamuros de Marvel. Spider-man 3 supuso un bofetón para todos los aficionados a los comics de Spider-man. No lo vamos a negar, la película era mala con ganas, y más teniendo el precedente de la estupenda Spider-man 2.

Pues bien, a lo que iba, 5 años después tenemos un “reboot” de la franquicia. Para muchos, es demasiado poco tiempo entre una entrega y la otra. Para otros, es la manera perfecta de olvidar aquella película. Sea como fuere, Sony se mostró decidida a sacar el proyecto adelante, y para ello contrató los servicios de Marc Webb, un joven director con poco bagage en labores de dirección cinematográfica y cuya película más reconocida era (500) Days of Summer.

¿Que salió de todo esto? ¿Es realmente una película que haga olvidar a lo visto en Spider-man 3? Pues vamos a ello.

La verdad es que me he retrasado bastante en verla, por eso he decidido invadir esta sección, tradicionalmente en manos de María, y la verdad es que la espera ha merecido la pena (en parte).

The Amazing Spider-man, que así es como se titula la película (en un claro guiño al título de los cómics originales), es una película que cumple, por lo alto, pero simplemente cumple.

La historia aborda (nuevamente) el inicio del personaje y de cómo se convierte en el superhéroe que todos conocemos. La película da comienzo con imágenes de la infancia del personaje, algo que no habíamos visto en las anteriores adaptaciones cinematográficas. El joven Peter sufre el abandono por parte de sus padres por circunstancias que no conocemos, quedando al cuidado de sus tíos Ben y May Parker, interpretados por los acertados Martin Sheen y Sally Field.

Pasan los años y nos encontramos en la época que si que habíamos visto en el cine. La época del instituto en la que el joven Peter Parker, ya interpretado por el joven Andrew Garfield, vuelve a mostrarse como un joven débil, solitario y poco destacado dentro del esquema social del instituto.

A diferencia de las anteriores entregas, en esta ocasión no contamos con la presencia del eterno amor de Peter Parker, Mary Jane Watson, sino que en esta ocasión, se ha optado por una mayor fidelización con el cómic y se nos presenta al que fue el primer amor del personaje, Gwen Stacy. Gwen, interpretada por la guapísima Emma Stone, se nos presenta como una chica inteligente, segura de si misma, y que siente, en parte, algún tipo de empatía / atracción por el joven Peter.

Ambos actores cumplen con su cometido, personificando de una manera más que correcta a sus personajes. Si bien considero que Andy es un poco joven comparado con los cómics, también es cierto que esa apreciación se diluye completamente a medida que avanza la película.

A partir de aquí, pues poco a poco lo que ya conocemos. A Peter le pica una araña modificada genéticamente (no radiactiva) y zasca! ya tenemos Spider-man.

Lo curioso del asunto es como nos ubican a Peter en el escenario con la araña que finalmente le picará. Tradicionalmente fue duante una visita guiada del instituto a unas instalaciones científicas. En esta ocasión Peter se “cuela” en Oscorp a raiz de descubrir unos apuntes científicos de su padre y que le relacionaban directamente con un científico que trabaja en dicha compañía, el Dr. Curt Connors.

Los aficionados al cómic (y a los dibujos animados) reconocerá inmediatamente ese nombre. Connors está interpretado por Rhys Ifans, un actor británico conocido principalmente por haber interpretado a Spike en la comedia romántica Notting Hill. No puedo ocultar mi sorpresa y desconfianza cuando supe que este actor era el elegido para interpretar al conocido científico, pero he de reconocer que no lo hace mal.

El actor da vida a un Curt Connors amargado por no saber avanzar en sus investigaciones regenerativas, en parte por no contar con la presencia de su compañero Richard Parker (Campbell Scott), si, el padre de Peter. Unas investigaciones que le llevarían a poder “regenerar” su brazo y a curar a un misterioso (y gravemente enfermo) Norma Osborn, al que no vemos en toda la película.

Aquí viene mi primer punto negativo. Por muy aficionado a la ciencia que sea nuestro protagonista, no me creo que él solo descifre una fórmula complicadísima y que le permite al doctor Connors alcanzar la meta que se ha propuesto. Lo siento pero no me creo ese detalle.

A partir del momento de la picadura, tenemos el proceso de transformación que lleva a Peter a distanciarse de sus tios, en parte por su extraño comportamiento y que acaba derivando, nuevamente, en la muerte (evitable) de Ben Parker. Evitable porque nuevamente, la muerte se debe en parte a la arrogancia de Peter.

Cargado con la culpa de la muerte de su tío, Peter decide emprender una cruzada para buscar al asesino de su tío. Una cruzada que emprenderá ocultando su rostro con una simple capucha.

Aquí tenemos otro detalle que no me ha gustado de la película. El personaje de Peter Parker / Spider-man está demasiado expuesto, es decir, que se le ve la cara en demasiadas ocasiones. No me creo que nadie lo pueda reconocer, más teniendo en cuenta que sus primeros síntomas de sentido arácnido y super fuerza, los muestra en un vagón de tren repleto de gente y con la cara descubierta.

Algo que si que me ha gustado del proceso de transformación en el superhéroe es la manera en la que se confecciona el traje. En anteriores adaptaciones, se nos había presentado a un Peter Parker con clarísimas dotes de costurera. En esta ocasión, se muestra un proceso de creación más creíble, ya que nos muestra cómo se limita a comprar una prenda deportiva técnica para después “tunearla” con sus colores definitivos. También me ha gustado la fidelidad con el cómic en el detalle de los “lanza telarañas” ya se mantiene la fidelidad al cómic y es el propio Peter el que se construye los disparadores basándose en una tecnología robada de Oscorp. En mi opinión, mucho más “creíble”.

Volvemos con el Dr. Connors porque durante la transformación del personaje principal, también sufre una transformación ya que por desavenencias con la dirección de la empresa, deciden apartarlo del proyecto. Esta destitución no le impide inyectarse el suero de la regeneración en su propio cuerpo. Como el suero tiene ADN de reptil (que tienen la habilidad de regenerar partes de su cuerpo), el doctor consigue regenerar su brazo. Pero como todo no puede ser bonito y precioso, algo saldrá mal y el suero le provocará una transformación en un lagarto gigante y muy fuerte y que curiosamente, es muy muy malo.

Como comentario acerca de el Lagarto (Lizard), he de decir que está muy bien hecho y que da mucho miedo. Por contra de lo que pensaba cuando vi las primeras filtraciones de la apariencia del personaje. En este aspecto, estoy más que satisfecho.

Ya tenemos al bueno y al malo de la película con sus poderes completamente desarrollados y dispuestos a hacer de las suyas, pero ¿que pasa con Gwen? Durante este tiempo, le ha dado tiempo a enamorarse de Peter. Un Peter que tras la transformación en Spider-man, se muestra mucho más seguro de si mismo. También se nos presenta a la figura del padre de Gwen, el Capitán Stacy, interpretado por Denis Leary. Un padre responsable y que desconfía de la figura de Parker y por supuesto de Spider-man, sin saber que son la misma persona.

El desarrollo de la trama es bastante entretenido. La película no adolece de altibajos que afecten al ritmo de la historia, quedando una producción bastante dinámica.

En cuanto al final, la verdad es que lo vemos venir a medida que avanza la película, y todo aquello que prevemos que va a ocurrir, acaba ocurriendo. En parte, esto puede considerarse como un punto negativo, pero también es cierto, que en una película de superhéroes tiene que ganar el bueno si o si.

Los daños colaterales que se nos muestran abren la puerta a que algún personaje no regrese en una más que confirmada segunda parte. Es el caso de Emma Stone, la cual no tiene confirmado su regreso, pero que es perfectamente comprensible si no ocurriese visto el final de la película.

Dejando de lado la historia y los personajes, el apartado técnico es muy bueno. La verdad es que se consigue un Spider-man mucho más natural. Las escenas en las que Spider-man salta de edificio en edificio, son, evidentemente generadas por ordenador, pero también es verdad que no se nota nada de nada.

Una cosa que me ha gustado mucho en esta producción es el punto de vista en primera persona de Spider-man, pese que pensaba que lo utilizaría más, es un recurso muy interesante y que encaja a la perfección con la película.

En definitiva, entretenimiento palomitero puro y duro, pero que creo que hará las delicias de los aficionados al personaje siempre y cuando no vean la película con el cómic en la mano para comprobar los detalles (algo que nunca debe hacerse). Una película tan disfrutable en un primer momento, como olvidable con el paso del tiempo. En mi opinión, demasiado enfocado a las nuevas generaciones.

Para pasar un rato entretenido.

EN DIFERIDO: Los descendientes (THE DESCENDANTS)

Los descendientes es una obra de arte. Que no de artesanía.

Alexander Payne (Entre copas, A propósito de Schmidt) vuelve a dar en la diana con esta película, con este bellísimo poema al ser humano. Recuerdo Entre copas y los recuerdos son buenos. Innovó, simplemente en la forma de expresar y transmitir mensajes. Los descendendientes, en otro mundo, con otro concepto, retoma ese arte que te conmueve hasta lo más profundo sin que te llegues a dar cuenta.

A partir de la novela de Kaui Hart Hemmings, Payne desarrolla un relato elegante cargado de tragedia. Un hombre, un buen hombre, Matt King (George Clooney; Up in the air, Los idus de marzo) debe enfrentarse en cuestión de días a todos los frentes emocionales posibles. Por un lado el desastroso desenlace que llevará a su esposa en coma a la muerte. Por otro descubrir un secreto tan lamentable como indignante. Y finalmente lidiar con dos hijas difíciles dentro de su tremenda soledad. Y siempre comedido. Siempre respetuoso. Contenido. Educado. Unas lágrimas quizás, lágrimas difíciles que resbalan en algún momento de su agonía, pero incluso entonces su bondad aplaca el arrebato lógico ante una situación semejante.

Y de forma pausada, en un entorno como bien dice al principio normal pese a ser Hawai, con un gran respeto hacia sus antepasados, hacia el mundo en general, un George Clooney que desarma elabora esta oda al sufrimiento. Pero no sufres, tan solo te conmueves al verlo porque realmente te convence, te crees lo que estás viendo. El mejor Clooney sin duda ha aflorado en este film. Y como díscola hija, Alexandra (Shailene Woodley; Vida secreta de una adolescente, Un lugar llamado hogar), una belleza que te cautiva y te arrastra tras su desarrollo personal y emocional.

Olvidemos nominaciones y premios, en guión, interpretación, en todos los festivales posibles. Piensas en lo sencillo de la trama y sin embargo sus diálogos, su escenario, la filosofía de vida que transmite, sus potentes protagonistas, la cruda pero hermosa radiografía que realiza del alma, la convierte en algo grande. No una estatuilla le da valor sino mas bien, la película da categoría al premio.

Los descendientes me ha gustado. Me ha cautivado sin darme yo cuenta, aunque es así como te atrapan los verdaderos amores.

EN DIFERIDO: Crazy, Stupid, Love.

Crazy, Stupid, Love es como la cuadratura del círculo. Difícil de resolver sin caer en fallos o despropósitos.

Es buena, es una comedia buena. Con muchos fallos y guión flojo, pero aún así una comedia que merece ser vista.

Glenn Ficarra (I love you Phillip Morris) y John Regua dirigen una interpretación de la eterna historia del amor en sí con todas sus fases y todos los arquetipos. El amor de la juventud, inocente y dramático. El amor maduro, agotado y casi olvidado. O el amor inesperado que va contra marea.

Y Crazy, Stupid, Love encierra este problema tan antiguo como la vida misma y actual como el momento en el que escribo.

Cal (Steve Carell; The Office, Virgen a los 40) ve caer su vida cuando su esposa y novia desde la adolescencia (Julianne Moore; Magnolia, El gran Lebowski) le pide el divorcio. Le ha sido infiel y no puede soportar la monotonía de su vida juntos. Este hecho desploma a todos los personajes del film. Incluso al invitado mentor Ryan Goslin (Los idus de marzo, Blue Valentine), un maestro de la seducción que inicia en dicho arte a un inexperto y dolido Cal. Todos caen a causa del amor.

Y cuando digo que es una comedia buena me refiero a que disfrutas viéndola. No te aburres y gracias a frases (algo escasas, sí) burdas pero elocuentes, te ríes. Y si quitamos un par de escenas que no eran necesarias, la peli fluye sola.

Steve Carell es un actor carismático. Te conmueve y te hace reír. Es cómico y crudísimamente humano y Julianne Moore defiende el personaje con su clase habitual. Ryan Goslin es otro puntal. Borda al gentleman con ayuda de un imponente físico pero premia la esencia de un buen actor. Emma Stone (Criadas y señoras, Rumores y mentiras), la hija, un punto desaprovechado. Y es que me encanta esta chica y me quedo con ganas de verla un poco más durante el metraje.

Cuando creíamos haber visto todo en comedias románticas, resulta que aún quedan planteamientos por abordar. Y los guionistas, directores o mandamases del mundillo deben esforzarse por contar lo mismo pero de otra forma. Crazy, Stupid, Love lo consigue.

Al menos para mi.

EN DIFERIDO: Detrás de las paredes (DREAM HOUSE)

Estoy que me salgo últimamente y es que no doy una al seleccionar las pelis.

Si la pasada semana tropecé con Caperucita, esta me resbalo y caigo de bruces con el film de Jim Sheridan (Mi pie izquierdo, En el nombre del padre).

Me encontraba nerviosa y expectante a rabiar porque no soy mucho de películas de suspense o terror, pero ni lo uno ni lo otro. Salvo los diez primeros minutos, tal vez quince, permanezco alerta tal y como mandan los cánones. La atmósfera que recrea es algo tétrica, pero solo algo. Lo justito. Avanza el metraje y me va entrando un sopor casi equiparable al del protagonista. Y cuando debería haber sentido un pellizco en la tripa al desvelarse la trama, observo que aún me queda casi media película por ver.

Detrás de las paredes no es una peli buena. Es una película mediocre. El peso del reparto se queda en los títulos de crédito porque lo que es en la cinta, los actores parecen dobles de ellos mismos. Podría resumir por encima de que va esta película a los rezagados como yo, pero… bueno, lo haré.

Un matrimonio idílico con unas niñas preciosas cambia radicalmente de vida al mudarse a una casa en las afueras. El padre (Daniel Craig; Casino Royale, La brújula dorada) pretende escribir una novela y su bellísima esposa (Rachel Weisz; Enemigo a las puertas, El jardinero fiel) le facilita la existencia con una dulzura que sólo esta actriz realza sin parecer empalagosa. Inmediatamente comienzan los sonidos extraños, las visiones y las incongruencias. Hasta ahí, argumento muy típico de casas encantadas habitadas por inquilinos novatos que se agobian por momentos. El desarrollo posterior parece interesante por unos instantes para de pronto perder fuelle, lógica y por supuesto pasión interpretativa.

Esta película realmente anodina, desilusiona y cabrea a partes iguales. Porque no da miedo, no te engaña y no te obliga a escurrirte los sesos con su intriga. Vamos, un fiasco.

Y perpleja me quedo al ver a la imponente Naomi Watts (Lo imposible, 21 gramos) ¿interpretando? a la vecina. Cuanto talento desaprovechado.

Jim Sheridan se ha lucido. Este director, guionista y productor, capaz de exprimir interpretaciones memorables en largometrajes de equivalente calificativo, ha creado un pieza innecesaria desde su origen hasta el fin. No creo pues que recuerde esta película dentro de unos minutos cuando finalice mi critica. Tal vez, si la ponen algún día en la tele, sonreiré y cambiaré de canal.

EN DIFERIDO: Caperucita Roja.¿A quién tienes miedo?. (RED RIDING HOOD)

Caperucita Roja. ¿A quién tienes miedo?.

Con este título te lo pone fácil para responder “a la película”. Porque aquí se ha creado sin orden ni concierto un híbrido de Crepúsculo, un cuento infantil por todos conocido y una peli de Shyamalan (The Village). Esa es la sensación que me queda después de verla. La directora Catherine Hardwicke (Crepúsculo), se ha hecho un lío en mi opinión al pretender crear una atmósfera similar a la del comienzo de la famosa saga (entre las montañas nevadas y la música de guitarra eléctrica, esperas que te aparezca Edward Cullen en cualquier momento). La fórmula funcionó con los vampiros pero en esta película salvo la fotografía, creo que nada o casi nada se puede salvar. Porque no hay una trama que te enganche ni un guión que coquetee con el espectador; ahí estás sentado, viendo y esperando. Un susto, una secuencia que impacte, un romance que parezca creíble. Nada de nada.

Y menos mal que Amanda Seyfried (Mamma Mia, Jennifer’s Body) como Valerie o Caperucita Roja, le otorga algo de calor con esos ojazos que Dios le ha dado (a pesar de dar la impresión de equivocar esa calidez que linda con el ardor de una oferta sexual). Hablando en plata, parece que Caperucita esté más preocupada en seducir al pueblo con sus poses y mohínes que en ser devorada por un hombre lobo. Un hombre lobo que nadie sabe quien es. Y el jueguecito de la historia es imaginar quién de todos ellos es. Pero claro, por ahí en medio está Amanda, sus turgentes pechos, su mirada lasciva y su eterno enamorado mareando la perdiz. Y por si fuera poco llega el padre Solomon (Gary Oldman; El topo, La semilla del mal) dispuesto a salvarles con un séquito de soldados que bien parecen sacados de  300. No se. Es un sin sentido de principio a fin.

En cuanto al reparto, está bien teniendo en cuenta la verbena en la que están metidos. Son rostros conocidos en algunos casos y más nuevos en otros. Julie Christie (Doctor Zhivago, Shampoo) como la abuelita del cuento, Billy Burke (The Twilight Saga, Revolution) como el padre de Caperucita o Virginia Madsen (Candyman, Entre copas) como la madre de la criatura.

Por otro lado Shiloh Fernandez (Jericho, United States of Tara) como Peter, el amor secreto y perpetuo de Valerie y que podría haber sido Edward Cullen de no ser por Robert Pattinson. También aparece en esta película Max Irons (Dorian Gray, The Host) y que con ese apellido no podía ser hijo de otro sino de Jeremy Irons. Interpreta a Henry, aspirante a enamorar a Caperucita y con el que la directora ha pretendido crear un tándem rival amoroso al estilo Crepúsculo. Pero es un globo que se desinfla inmediatamente.

Acabando que ya es hora, esta película es un petardo. La idea podría haber resultado maja dirigida de otra forma y otorgando a los personajes un guión decente. No ha sido así y los rostros atractivos y conocidos que defienden la idea deben estar aún preguntándose “¿qué ha sido esto que hemos rodado?”.